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En un mundo atravesado por crisis ambientales, urbanización y transformaciones sociales, una nueva tribu urbana emerge en Argentina desafiando las categorías tradicionales de identidad: los therians y su contraparte, los furries. Este fenómeno, que captó la atención de medios de comunicación y genera tanto curiosidad como polémica, plantea preguntas fundamentales sobre la forma en que se entiende la autopercepción y las identidades emergentes en esta sociedad del siglo XXI. 

Pero primero hay que responder la pregunta del millón: ¿Quiénes son los therians? Son aquellas personas que se identifican interna, espiritual o psicológicamente con un animal no humano.

Esta vivencia no es un simple juego de roles o una moda pasajera: para quienes forman parte de esta comunidad, es una expresión profunda de su ser. Aunque el fenómeno no es nuevo —sus raíces pueden rastrearse hasta foros de internet de principios de los años 2000— en Argentina comenzó a tomar fuerza alrededor de 2010 y experimentó un crecimiento significativo durante la pandemia, impulsado por plataformas como TikTok.

Principalmente adolescentes y adultos jóvenes conforman esta comunidad, que se organiza en espacios digitales y ocasionalmente en encuentros presenciales en shoppings, plazas públicas y centros neurálgicos de todo el país y según estimaciones, entre 2.000 y 3.000 personas en Argentina participan activamente en grupos locales. Desde aullidos en parques hasta disfraces que evocan animales, los therians furries buscan explorar y expresar su identidad en un mundo que muchas veces no los comprende.

Los jóvenes que pertenecen a estas tribus experimentan un mundo completamente con la ecología y el predominio de las vidas en las ciudades y es por eso que algunos especialistas interpretan la identificación therian como una búsqueda simbólica de reconexión con lo natural. 

En esta línea, podría leerse como una respuesta a un vínculo perdido con el entorno y con los ciclos naturales que definen la vida en el planeta. Si bien las redes sociales facilitaron la expansión de esta identidad, también permiten que las nuevas generaciones encuentren espacios para compartir experiencias y validar sus vivencias

Sin embargo, este fenómeno no ha estado exento de controversias. En 2021, un segmento del programa PH: Podemos Hablar abordó el tema desde un enfoque sensacionalista, lo que generó burlas y episodios de bullying hacia jóvenes therians. En respuesta, surgieron cuentas educativas en redes sociales como Instagram (@therians.ar y @therian.arg), que buscan combatir la desinformación y promover un entendimiento respetuoso.

El problema de la frivolización de la autopercepción

El auge de los therians es solo una manifestación más de un fenómeno más amplio: la fluidez identitaria contemporánea en el que las categorías tradicionales se expanden y diversifican, permitiendo que individuos exploren formas inéditas de autoexpresión. Sin embargo, esto también plantea tensiones y desafíos para una sociedad que aún lucha por aceptar otras identidades, como las de las personas trans o no binarias.

En este contexto, voces críticas señalan cómo los medios masivos tratan el tema de los therians. Una de estas voces es Gabriela Ivy, comunicadora y activista trans, quien cuestiona el uso del concepto de "autopercepción" para describir este fenómeno y alerta sobre los riesgos de trivializar debates fundamentales para otras comunidades históricamente marginadas.

"Voy a hablar de un tema que la verdad que me tiene las borlas al plato, aunque no quiero darle ni dos nanosegundos de entidad. Sí, voy a hablar de los therians... y por qué voy a hablar de esto. Porque hay una parte que sí toca la comunidad LGBTIQ+", expresa Ivy en un video publicado en sus redes sociales.

La activista señala cómo los medios contribuyen a instalar el tema en la agenda pública con poca responsabilidad: "Sí, ya sé que hablando de esto me van a empezar a aparecer más reels de los therians. ¿Y por qué digo que afecta? Yo no tengo ningún inconveniente con la comunidad therian ni con la comunidad furry; que cada uno haga de su ojete un florero. Pero el problema está cómo lo presentan los medios".

Ivy también destaca una problemática clave: la confusión entre identidades trans y fenómenos como el therianismo. "¿Alguna vez habrán escuchado las respuestas de los conservadores frente a la cuestión trans? Cuando te dicen: 'Ay, bueno, pero si se autopercibe una mujer trans, entonces yo me puedo percibir un helicóptero, me puedo percibir una planta'. Porque vieron que ellos conectan cosas inconexas, la correlación a marzo. Y entonces fíjese que cuando hablan de los therians utilizan el término se autoperciben".

La activista subraya que estas comparaciones son peligrosas porque trivializan luchas históricas como las del colectivo trans: "La autopercepción pone en la misma línea justamente lo que son las personas trans como constructo social dentro de una identidad de género y prácticas que son de un estilo que nada tiene que ver con la identidad de una persona y cuyo constructo social va por otro lado totalmente distinto".

Finalmente, Ivy lanza una crítica contundente hacia quienes se escandalizan por identidades emergentes mientras ignoran problemas sociales más graves: "Me encanta que mucho conserva dice 'Ay, no, la sociedad, qué horror', por personas que no están haciendo ningún daño. Pero nunca se horrorizan ni se preocupan porque un hijo o una hija le salga político, ladrón, timbero, usurero y sobre todo cruel y sin empatía con el resto de la sociedad". 

 

Los therians son solo un capítulo más en un mundo en el que las nuevas narrativas están en constante cambio; esto representa un desafío gigantesco para repensar las propias limitaciones individuales pero también culturales y sociales para construir un mundo más inclusivo y empático para todas las formas del ser.

 

Autor: admin